lunes, 27 de abril de 2020

Y aquí va otra de reflexiones....

Y es que parece que últimamente ando especialmente "sensible". Y este es mi rincón.... De desahogos, de alegrías, de penas, de tertulias.

Y hoy quería compartir algo que tengo en el corazón y que me pide salir.

Hay veces en la vida en la que te pasan cosas inesperadas. Y te ves, de repente, envuelto en un torbellino de sensaciones que no estaban preparadas para aflorar. Tal vez, seguramente en algún momento de la vida sí estaban preparados y los tenías a las afueras esperando escupirlos. Pero eso fue en otro momento, en otra época. Se han ido escondiendo, solapándose con actualidad y con presente o con pasado más reciente. Jamás dejaron de formar parte de ti pero se adormecen, se eclipsan.

De repente llega la tormenta que tanto tiempo anduviste esperando. Y ya no sabes en qué cajita de tu corazón guardaste el coraje que esperabas para poder deshacerte de esas palabras. A veces eran odio, cuando las pensabas desde la rabia. Otras veces amor, otras desgana. Ilusión, esperanza, anhelo, felicidad y pena. Pasaste por todo aquello para poder digerir lo que la vida te ofrecía. Por mucho que luchabas tu tormenta no llegaba para dejarte descargar.

Y de repente.... Llega. Y tu vida se convierte en un laberinto en el que buscar respuestas que se quedaron ya sin preguntas. Justamente ahora. Justamente cuando tu vida ha decidido. Sientes que es tarde, que ya no tenía que pasar. Pero también sabes que es ahora, que es tu momento porque así ha sucedido. Y al igual que antaño luchabas por entrar y no pudiste, ahora estás dentro. Sin poder salir. Sin saber salir. Sin estar seguro realmente de qué haces dentro de una tormenta que ya se volvió lluvia.

Una parte de ti cree que es tu momento de desahogo. Parte ilusa de ti... Desahogarte de qué??? Ya no recuerdas qué fue exactamente lo que pasó. Recuerdas momentos, sensaciones, sentimiento Recuerdas lo bueno. Porque tú sabia mente ha desechado lo malo para que deje de doler. Y dejó de doler. Al menos a tu mente. Es algo que realmente te removió, jamás se fue de tu corazón aunque tu cabeza se empeñara.

Y ahora qué???

Ahora ves cómo los pilares de tu vida se desmoronan. Quieres que se desmoronen. Quieres vivir en un cuento con final feliz. Pero la vida no es así. En el fondo sabes que vas a seguir sosteniendo tus pilares. Que no podrás evitar que tiemblen pero soportarás los temblores. Porque es lo que te toca. Quizás en otra vida, quizás en otra muerte. Pero ahora sabes que tu lugar está entre esos pilares. Y aún estando convencido de ello, aún sabiendo que no vas a cambiar nada tu estómago se estremece con cada rugir de los pilares que tú mismo levantaste. Y lo hiciste sabiendo que la tormenta podría llegar en algún momento. Pero seamos realistas.... Quién está preparado para asumir una tormenta 20 años después de esperarla???

Las dudas te quitan el sueño. El sueño se torna dudas. Y tu cabeza, tu estómago y tu corazón dicen y desean cosas diferentes. Sonríes sin motivos y lloras de igual manera. Es tu tormenta, debes dominarla, quieres dominarla. Pero no sabes si merece la pena al final. Dudas. Malditas dudas. Nadie puede predecir el resultado final de una lucha. Pero sabes que mientras dura duele. Y no quieres dolor, tú ya te doliste con esa tormenta por ausente. Ahora quieres evitarla. No, no quieres. Tú conciencia sabe que debe evitarla. Tú consciencia no. Porque ya perdiste mucho con la tormenta. Asumiste la derrota, con lo que ello conlleva. Orgullo roto, esperanzas perdidas, corazón dañado y experiencia aprendida.

Pero la tormenta está aquí, ay!! Y no puedes esquivarla. Ya te ha abrazado. Sabes que debes dejarte volar con ella para conocer el final. Pero eso es abandonar la comodidad de tus pilares. Y debes escoger: o te aferras o te sueltas. No tienes dudas, sabes que vas a aferrarte. Pero entonces eliges inevitablemente dejar pasar la tormenta, dañe lo que dañe a su alrededor. Y has de soportarla, no sabes cuánto puede durar. Y tiemblas pensando en lo que dejas atrás, en los 20 años que interiormente ahora se quedan vacíos. Porque tú no elegiste. Ahora sí. La juventud, la bendita inocencia de las primeras veces te absorbieron. Ahora es la responsabilidad la que te ata. Porque los cuentos con final feliz no existen, porque en todas las guerras se sufre con la batalla. Y ahora no estás preparado. Ahora no es tu tormenta. No es tu lucha.... Es una lucha de tu persona pasada.

Pero duele. Elijas lo que elijas va a doler. Y sabes que te va a doler ya por siempre. Porque si 20 años no fueron suficientes para lograr que la tormenta no te hiciera temblar, otros 20 que pasen no te van a hacer olvidar. Y la duda de lo que podría haber sido de haber luchado y acompañado a tu tormenta te va a acompañar siempre. De por vida. Y tus pilares jamás volverán a tener la fuerza que creías que les habías dado. Ya sabes que se tambalean. Ya sabes que no puedes confiar en ellos.

Y mientras te sujetas la tormenta lo va arrastrando todo. Arranca tus lágrimas. Y se lleva tu ingenuidad, se lleva tu intención sin piedad, te roba la vida que tenías forjada.

Lloras viéndola pasar. Sabes que los trenes no vuelven a recoger pasajeros que quedaron en tierra. Y tú todavía tienes el pie levantado, solo tienes que soltar el pilar para aferrarte al tren de tu tormenta.

Malditas las dudas.... Malditas las tormentas que llegan tarde.

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