Todos somos hijos. Y, seamos sinceros, no siempre hemos sido buenos hijos.
"Cuando seas padre comerás huevos", cuánta verdad hay en esas palabras.
Cuando eres pequeño necesitas de tu madre para que lo haga todo por ti. Pero no sabes valorarlo. Luego llega la adolescencia y tú tú madre pasa a ser tu peor enemigo. "No vengas tarde", "ten cuidado con tal o cuál amigo", "ten cuidado si bebes", "las drogas son malas", "estudia" "esta compañía no te conviene"..... Todos hemos escuchado alguna vez esas palabras.
Yo siempre he pensado que mi madre era una histérica, gritaba todo el día a los 5 hermanos, nos hacía recoger, limpiar, nos obligaba a hacer los deberes.... Siempre íbamos los 7 juntos, donde fueran mis padres teníamos que acompañarlos. Nos obligaba a lavarnos.... A aprender a cocinar a su lado, a dejar nuestras camas hechas antes de ir al cole y a responsabilizarnos de nuestras tareas. Pero qué engorro!!!!! Tenía compañeros en el cole que no hacían nada de eso!!!! Y sus madres se arreglaban, las veía divertidas, celebraban sus cumpleaños por todo lo alto....
Hoy soy yo la histérica que grita, y solo tengo tres. Me fui de mi casa con 17 años en un acto de pura rebeldía porque mis padres no me entendían. Me independicé y jamás me faltó un plato de comida porque sabía cocinar de todo. Jamás llegué tarde al trabajo porque estaba acostumbrada a ser responsable con mis horarios y sabía organizarme. Hoy por hoy somos 5 hermanos independientes y desde el más grande hasta el más pequeño llevamos adelante nuestras casas con más o menos ayuda. Cada uno a nuestra forma porque nos dejaron equivocarnos para aprender a conocernos. Todos somos autosuficientes.
Después de todo ahora he "reencontrado" a mí madre. Comprendo que todo lo que hizo fue desde el amor, desde la impotencia de no poder desdoblarse más. Que siempre fue la más bella aunque nunca le dejáramos tiempo para maquillarse, aunque nosotros íbamos siempre de punta en blanco. Lo que para nosotros era "el rollo de tener que hacer rosquillas durante toda la tarde con ella" era su forma de entretenernos y darnos un dulce "saludable", nos enseñaba a valorar el esfuerzo que tardan las cosas.
Mi madre siempre dejaba el último pedazo de la comida para nosotros, no comía hasta que terminábamos todos por si queríamos repetir y lo mismo le daba no comer si nosotros quedábamos satisfechos. Nos enseñó a valernos por nosotros mismos, a tomar decisiones sabiendo de sobras que nos estábamos equivocando para dejarnos aprender. Nos enseñaba a defendernos pero no nos defendía, nos daba el gusto de ganar nuestras propias batallas. Y si perdíamos siempre estaba esperándonos con los brazos abiertos y cambiaba los "ya te lo dije" por un "todo pasará". No es fácil ser madre, para nada. Y tú tienes matrícula de honor.
Mi MADRE, cómo echo de menos un abrazo y un café contigo. Cuanto todo esto acabe seguiré abrazándote y diciéndote que te quiero. Y hoy también te digo que te admiro. Porque los tiempos han cambiado pero cuando no encuentro saluda sigue siendo a ti a quien acudo.
Cada día es tu día. Te quiero maita.
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